Nuestros cuerpos y tormentos: Milenka Fedora (Traducciones de los cuadernillos de Ericka Vólkova)

Sí…, sí, sí, sí: me encanta, me encanta, me encanta. Me fascina esa chica. Tan sólo de verla me colma el arrebatado deseo de tomarla entre mis brazos y besarla intempestivamente, arqueando nuestros cuerpos en una unión de un solo ser que se entremezcla con el calor de su frágil complexión que puedo palpar casi naturalmente a través de su entallada ropa. ¡Puf! Realmente me es difícil contenerme cuando estoy conversando con ella, y aun cuando intento ser de lo más discreta, muy dentro de lo posible, creo, no tengo dudas que los demás notan cómo mis ojos se resbalan por cada rincón de su figura, muy en especial en ese bello y pequeño trasero que se moldea y delinea por entre sus prendas.

Hoy, al llegar a la oficina me tomé unos minutos para ir por una taza de café. Se perfectamente que para dirigirme hacia la cafetería debo recorrer los pasillos y pasar frente a su escritorio: es uno de mis pretextos para saludarla y conversar por algunos minutos, mención aparte que igualmente es el pretexto para verla y babear por ella. Estaba especialmente linda, parecía una grácil y pequeña duendecita con su chaqueta corta, una bufanda alrededor de su cuello y sus botitas de gamuza gris al final de los pantalones negros que, por su entalle, pudieran fácilmente ser confundidos con leggins pues éstos se ajustaban a sus pantorrillas, muslos, caderas y glúteos como si poseyera físicamente una segunda piel, adquiriendo los contornos y las sutiles líneas de su cuerpo. No pude resistirme; mis ojos buscaron siempre su redondeado y párvulo culo mientras caminaba frente mío al acompañarme hacia la cafetería.

Es “cabroncita”, no me cabe duda, pues sabe lo que tiene y sin pasarse de lista lo explota a la perfección. Lo que me hechiza es que lo hace siempre con gracia y un cierto toque de elegante feminidad que desborda en cada uno de sus gestos y acciones. Nunca viste de forma vulgar, y aunque invariablemente gusta que su ropa sea ajustada, nunca, hasta el momento, ha sido del tipo pedestremente ramplón, inclusive hasta pudiera afirmar que el vestir de esa forma le otorga una simple elegancia erótica en donde la vulgaridad no tiene cabida alguna. Es unos diez años más joven que yo y eso no es impedimento para que deje de atraerme en la forma que conscientemente lo hace. Diez años no son tantos como para que ella pudiera ser mi hija y sí son los suficientes para dejar que mi imaginación recree las apócrifas fantasías que se me desencadenan cuando estoy junto a Milenka Fedora.

Su voz tenuemente infantil la llena de un aura de falsa inocencia que es seductoramente, y sí, púdicamente lujuriosa, haciéndome despertar de cualquier erótico letargo en que hubiera podido acaso caer, lo cual, por cierto, es muy poco probable. Sin embargo, con ella es un tanto diferente a cualquiera otra chica en donde mi pecaminosidad es exclusivamente de carácter libidinoso, buscando el sexo únicamente como satisfacción de placer. Milenka Fedora me despierta el deseo maternal, pues en repetidas ocasiones he deseado enconcharla entre mi pecho para protegerla, convirtiéndome a mí misma en una loba que gruñiría ante cualquier extraño que osare al menos mirarla. ¿Celos? Es muy probable, y aunque ella tiene novio es poco lo que a mí eso me importa. Solemos conversar sobre él y las cosas y actividades que realizan; actividades tan normales en un noviazgo que he llegado a imaginar que sea yo quien la acompañe al realizarlas, sustituyéndolo en ese “pool party”, o en aquel viaje turístico alrededor de esa ciudad colonial. O quizás en la sala de su casa, en donde ambas sentadas, una al lado de la otra, charlaremos por horas largas en donde seguramente no podría apartar la mirada de su rostro y de esos labios faltos de labial que incesantemente erogare hacia la comisura de su boca para pronunciar las palabras como un suave y grácil anhelo.

Es curioso, una de las características que más busco en una chica son sus senos, más en el caso de Milenka Fedora, aunque éstos son perfectamente pequeños y adustamente firmes, pocas son las ocasiones en los cuales detalladamente les he admirado. No quiero decir con esto que no me seduzcan, ¡Por Allah, todo en ella me embelesa! desde su pequeña estatura, su frágil complexión, sus intelectuales espejuelos, su pelo largo que suele recoger para hacerlo descender por su hombro derecho, sus femeninos gestos, sus manos que fácilmente puedo cubrir con las mías, su cuello que denota la blanquecina y pálida tez de su piel, su nariz en forma de “bolita”; sus labios que, inconscientemente, empica cual pato cuando habla; sus marrones ojos pillos que se abren cuando se asombra y que, sin que nadie lo percate, escudriña todo a su derredor, su bamboleo cuando camina, su espalda que encorva frente al ordenador, sus uñas que suele pintar y decorar con alternos colores; la forma en que toma su bolso de diseñador casi tan grande como ella misma, sus diminutos pies que calza en zapatos de piso, sus dientes que se muestran cuando ríe, la forma en que cruza las piernas cuando se sienta; la actitud en que, como colegiala, lleva los cuadernillos pegados al pecho, los pliegues de su frente cuando hace ese gesto peculiar, su faz incrédula cuando le bromeas…, y sin duda la pecaminosidad de su inocencia, aunque ésta sea solamente una quimérica ilusión, pues si bien no es del tipo de chica descomedida, estoy segura que tampoco es del tipo mojigata que pudiera fácilmente ser espantada ante el más mínimo acto de sexual inmoralidad.

¿Soy una pinche calenturienta que se va con el primer culo que le apetece? Cierto, lo soy. Me gusta disfrutar de una buena follada y una agradable paja, y si es con una yonki pues mejor, así, al final, ambas quedamos exhaustas de sexo y anfetas, no tengo ningún prejuicio al respecto. ¿Qué si me he pajeado pensando en Milenka Fedora? Pues no, no lo he hecho, aunque bien podría hacerlo, su cuerpo es tan sensual que fácilmente podría correrme tan sólo de imaginarla echada de frente sobre mí, ambas revolcándonos en la cama por debajo de las sabanas mientras…, ¡Suficiente! Milenka Fedora no es una chica para una sola noche, o quizás para algunas más y después sencillamente despedirnos con el clásico “llámame” o “te llamo”, sabiendo a la perfección que ni ella o yo tomaremos el móvil para marcar ese número que ya hemos eliminado de los contactos. Milenka Fedora es una chica para ir lentamente cautivando, iniciando con el juego desde el primer segundo de la partida en donde la estrategia forma parte de la persuasión diaria para ágil y lozanamente seducirla, sin llegar a la absurda cualidad de la conquista.

Me seduce, sin duda lo hace. Si éste flirteo es de consciente o inconsciente talante no lo sé, y en realidad tampoco me importa. Me toca ahora a mí tomar los peones y alfiles para desplazarlos en el tablero de éstas emociones, acomodándoles en los lugares estratégicos de cada rincón de su tez pálidamente clara.

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