Fantasmas

He vuelto a fumar. Tenía tres años que no tomaba un cigarrillo y hoy me he comprado un envoltorio para poner uno de los pitillos entre los labios y aspirar ese amargo humo. No me ha hecho toser. Pensé que quizás con la primera bocanada los pulmones recriminarían la acción pero no ha sido así, lo he disfrutado inclusive más que cuando solía hacerlo con frecuencia. Parece que la vida se afana en recordarme que las cosas no son tan puta madre como pensaba, o como creía que eran o habían sido.

El fin de semana no lo he pasado con Fabiana y los días que han transcurrido de ésta solo nos hemos visto en la oficina. Ella lo sobreentiende y debo agradecérselo de alguna forma: competir contra los fantasmas que rondan es poco ortodoxo además de infructuoso. Hay que esperar a que éstos reposen en sus tumbas para que finalmente se desvanezcan, pero mientras se les invoque poco es lo que podrán descansar.

He empacado las cosas de Ericka. Su ropa que mantenía en nuestro armario la he colocado dentro de cajas de cartón que adquirí en el supermercado. Sus detalles los he envuelto entre papeles de periódicos y los he embalado en otras cajas. Sus aretes, collares, anillos y demás accesorios no los he utilizado y los he dejado dentro de los joyeros que los contenían, pero igualmente los he empaquetado dentro de las mismas cajas que ahora guardan sus detalles. Hoy me he tomado el día y he cargado con las cajas hasta un refugio para “niñas de la calle” (no sé porqué le nombran así, pues hacerlo es tanto como afirmar que existimos diferentes tipos de seres) para darlas en donación. Hay cosas que deseo conservar, sus cuadernillos y libretas así como el ordenador que utilizaba los he de mantener, en ellos he descubierto a la Ericka que nunca conocí, y en ellos sigo descubriendo a esa misma Ericka oculta y secreta que desconocía. ¡Pinche Josep! no sabes cuánto te agradezco las notas que, sin conocernos, nos hemos intercambiado. Gracias a ti comprendí que era tiempo de dejar de invocar a mis fantasmas y permitir que éstos reposen en sus tumbas. Creo que para todos es más sano hacerlo así, permanecer con los efectos personales de Ericka no harán otra cosa que no sea el herirme. Ellos no aumentarán ni tampoco disminuirán “los recuerdos que hemos algún día de perder, pues nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto [sic]”, y sí, mucha razón tenía Ericka al escribirlo, aunque me va a ser jodidamente difícil dejar de nombrarla.

El fin de semana lo he pasado metida entre sus cuadernillos y su ordenador, escuchando la música que tenía, descubriendo los videos que hacía y algunos otros que había guardado (sí, algunos de ellos de carácter pornográfico. Ella era así: púdicamente libidinosa). Traduciendo sus líneas que seguiré publicando y asombrándome con lo que, entre los cuadernillos y el ordenador, sigo redescubriendo de “ese otro yo” que para ella era tan importante.

Ya he dejado que los fantasmas descansen. Me toca ahora aprender a desvanecerlos.

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