Ericka (a 20 de octubre de 2015)

Han transcurrido seis meses desde que ella se marchó. “Más que deseadlo, imperativo me es ser libre. El tormento de ésta esclavitud fenece con el beso absurdo que de Marian ansío, y mi cuerpo, despojado del pudor que en nuestro lecho con vos compartiere, marchita con la sequía de la tierra que en ella se pudre [sic]”. En los días posteriores a su marcha, una y otra vez  releía su carta esperanzada en comprender lo que me había querido decir al escribirla y que no pudo expresar con su voz. Finalmente entendí que al releerla lo que realmente quería es darle algún sentido a mi egoísmo, encontrar en ella algún estúpido razonamiento que explicara mi deseo de que siguiera enjaulada dentro de aquello que le hacía daño, a lo que ella, de alguna manera, empezó a sentir que le flagelaba, hiriéndole más que la misma hipocresía a la que diariamente se enfrentaba. Hipocresía, sí, pues en sus textos he descubierto que, en acercamientos y distanciamientos coqueteaba con Marian, deseándola con mayor fervor que cualquier ilusión que pudiera tener. La veía desnudarse y vestirse, compartían los momentos y desperdigaban las horas, mudamente se enlazaban en abrazos que sus pechos y espaldas no compartían, y aunque alejada una de otra, Marian, entre sus brazos, me la arrebató en el sueño del cual Ericka no despertó.

Conservo los cuadernos que tenía escritos con su singular caligrafía que, entre Alejandro y yo, hemos ido traduciendo para publicarlos en este mismo blog. Hoy habrán de perdonarme, este texto es la excepción. Habría podido pedirle a Yure, su editor, que me ayudara con ésta tarea que personalmente me he asignado, pero siento que hacerlo así hubiera sido traicionar la intención que ella tenía al dejar estos cuadernos alejados de lo que solía enviarle. Al igual que la carta que me dejara, y que en ocasiones como hoy, sigo releyendo. Considero que estos textos son íntimamente personales, pues como ella misma lo decía: “era cada una de las palabras que escribía”. Cada letra y cada trazo de su caligrafía le correspondían, y al igual que Marian, cada una de sus frases se embaían con el afán de persuadir lo irreconocible de su apariencia.

Es curioso que hoy, al estar leyendo los post del Facebook, Carmen Jurado escribiera algo muy similar: “Al contrario de quienes afirman no ser lo que escriben –y todo mi respeto para ellos-, yo sí lo soy [sic]”. Estoy convencida que no se puede seducir sutilmente si no es de ésta manera. La pasión es tan intrínseca a la naturaleza que solamente algunas, siendo exactamente quienes son, logran esa delicadeza que es tan completa así como tan bella.

Ahora suelo pensar y divagar en la profundidad de su sueño. Con frecuencia la imagino calmamente tendida sobre la cama, sin exabrupto que pudiera perturbarla y con la felicidad de saber que prontamente sería libre de todo aquello que la ataba, de todos aquellos quienes le impusimos grilletes a sus manos y pies dictándole la sentencia de permanecer entre nosotros por la ingenua frialdad de un egoísmo propio. A partir de la muerte de Andrea permaneció dentro de su propio calabozo como una cruel condenada y ninguno de nosotros pudimos, o supimos percatarnos que con los días lentamente se extinguía, flotando por el viento entre sus humos de dragón y llevando en sus senos la herida de cuervos que pinchaban sus entrañas.

A partir de su ausencia la he descubierto de una forma distinta que no creo hubiera sido posible con anterioridad. El permanecer apartada de ella me ha otorgado la posibilidad de mirarla a la distancia, y parafraseándola nuevamente, “abrir mis ojos a aquello que me cegaba a observar”. No puedo lamentarme de haber desperdiciado los momentos que no compartimos juntas y tampoco puedo lamentarme de ser hasta ahora cuando más la comprenda. Afligirme por eso no conllevaría ningún tipo de alivio ni mucho menos resignación. Tampoco sería benéfico para curar lo que es imposible sanar. No volveré a besarla, ni ceñiré su cintura entre mis brazos. No volveré a escuchar su voz, ni la observaré curvada escribiendo en su secreter. No volveré a sentir su aliento sobre mi cuello mientras duermo, ni introduciré mis dedos en la maraña de su pelo al despertar. Todos se han convertido en simples recuerdos que ya no están disponibles en nuestra alcoba y que se fugan libres entre el humo de dragones que el viento dispersa.

Rodrigo preguntó cómo los ateos explicaríamos la muerte a un niño, o si es benéfico que los infantes crean en fantasías. En este instante yo misma quisiera creer en una inofensiva utopía, llenándome de esas explicaciones superfluas que albergaren una esperanza. Pero no es así, la afrenta que me proporcionan los días de despertar sola en una cama vacía me posesionan en esta realidad de la que Ericka buscaba su verdad.

Existieron días en los que, cuando despertaba, deseaba solamente permanecer resguardada por el sopor de la indeterminación. La inexistencia del clamor de un cuerpo que me compartiera inexorablemente me conducía a la auto depresión, siendo esos días los que me costaban crueles letargos físicos y mentales. La ducha se transfiguraba entonces en agujillas hipodérmicas que laceraban la piel, tornando el agua en un imaginario color carmesí que entre el suelo se evaporaba. No estoy acostumbrada a esta soledad, a ésta indeterminación que poco a poco se ha ido desvaneciendo.

Fuimos amigas y confidentes mucho antes de convertirnos en amantes, y aunque de éste último hecho fueron pocos los meses que con sinceridad con ella compartí, me rehúso a reclamarle el que ella lo hiciera entre mi presencia y sus recuerdos, pues ahora yo soy quien con Fabiana así lo hace. Cuando no estoy con ella llevo en mí el olor de su piel, envolviéndome en el cálido terciopelo de su cuerpo que con anterioridad cubriera al mío, pudiendo permanecer desnuda entre las sabanas sin la falsedad de un pudor que me avergonzara.

Suelo mirarla de reojo mientras estamos en la oficina. Hacerlo me hace sonreír pícaramente, de lo cual ella se percata, devolviéndome discretamente esa misma sonrisa bribona evitando que los demás puedan advertir nuestra relación que iniciara y que desconozco hacia donde llegue a conducirnos. A ninguna de las dos parece importarnos; hemos aprendido a fingir la insoportable levedad que nos rodea.

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4 pensamientos en “Ericka (a 20 de octubre de 2015)

  1. Yo también he releído una y otra vez aquella última nota que me dejó y a la que contesté con una pregunta que jamás obtuvo ya respuesta… …lamentablemente…

    besos.

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