La manera de jugar: (16 de abril 2015)

Hoy mi madre me ha telefoneado. No es usual que lo haga, para ella, al igual que para mi padre no he sido la hija ideal a la espera de un príncipe azul. El preferir las princesas rosas causa un cierto estupor que nos mantiene alejadas, discordando de éste como de cualquier otro punto de opinión que pueda presentarse en nuestras muy esporádicas conversaciones.

Hubiese deseado que mi padre compartiese mi ingenua pubertad, que fuere él quien comprendiera las noches de incertidumbre y que sus palabras fueren quienes a mí en las pesadillas me confortasen, mas tarde es ya para recriminar pasados que en nuestros sepulcros hemos de olvidar, ambos hemos de escupir y maldecir nuestras lápidas: el por rehusar y yo por acallar.

Desde hace algunas semanas no logro conciliar el sueño con facilidad, la niebla espesa de ese ente me devora. Masticando con parsimonia mis miembros y pudores se sienta sobre mi cama escuchando mis sordos quejidos mientras arranca de mis manos los dedos sangrantes que de escarlata tiñen las sabanas, humedeciéndolas en un sudor frío y cauto que por entre mis piernas, deslizándose con suavidad, en mis muslos y pantorrillas supura. El observa mi agobio, engullendo mis flagelos que entre los dedos de mis manos cercenados uno a uno con sus dientes mastica. Fatuo y amorfo sobre mi cuerpo se revuelca, susurrándome mis temores desde la esquina más obscura y apartada de la habitación, sofocando mi pecho que en infortunio respirar no concibe, asfixiándome de esta miseria que día a día, por las cálidas noches de avernos que mi nombre reclaman, entre sus paredes nuestros designios de entre las rocas fundidas con la saliva de sus bocas sobre ellos expelen.

No, con afán no le recuerdo: codicia han sido las letras que sobre mis senos con su desdén ha tatuado, y sea los infiernos quien su memoria, al igual que la mía, sea ella quien el delirio nos imponga, quien la furtividad a vos, con el vómito de mis gusanos os desmiembre; que sea mi lengua quien la faz os lama, acallando los ojos vuestros que observar nunca desearon, y sea el pecho virgen de mis manos, con la promiscuidad del tacto de otros cuerpos, quienes a vuestro cuello se ciñan.

Sveta duerme, ajena a mis demonios con tranquilidad a mi lado yace, separada del averno que entre sus fauces me lisia su cuerpo desnudo ha combatido por la sexualidad nuestra, por ésta, que tanto en ella amo. Sean entonces mis cuervos y gusanos, quienes en mí tumba por los avernos con mi carne sobre mi padre en sus huesos vomiten.

Transcripción: Svetlana Kurskova y Vlad T.

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