La manera de jugar: una razón para morir (24 de abril de 2015)

Me he levantado de la cama, resulta superfluo continuar dentro de un lecho que no me sirve para el sexo ni para la tregua. Esta angustia que llevo en el pecho termina por sofocarme durante las noches e impidiéndome respirar, hace de los pijamas húmedos lienzos que se tiñen con el sudor de mi cuerpo, adhiriéndose al contorno de mis senos que translúcidos ocultan la infecunda podredumbre que mi sordo vientre grita.

Me he desnudado casi del todo, pues a mi piel no le puedo de la carne separar y ella marca la fisonomía de ésta pobreza que a diario me consume, que sigilosa y arduamente por la vulva se introduce preñándome de infertilidad absurda que estérilmente el vientre mío en sus adentros absorbe. En estas noches solamente me resta sentarme y frente a la ventana, entre las sombras, postrarme para dejar que el ahogo a mi pecho sofoque. Que con los narcóticos a mis pulmones termine por colapsar y que haga a mi corazón palpitar fuera de sincronía, galopando dentro de mi pecho en saltos desiguales que no hacen más que aumentar la angustia en un tormento de pasiones que invaden mi mente en susurros igualmente desiguales.

No existe una razón, la simpleza del cuestionamiento mismo le hace falto de que exista o de que al menos busque una justificación. Tampoco sería capaz de construir alguna quimera que sencillamente le justifique: son las miserias y el sonido falto de mi voz quien la razón me da, quienes a mis pechos secan y a mi lengua humedece, quienes a mis piernas incapacitan y a mi abdomen enjaulan dentro de esta concepción de un cicatero falo adormecido.

¿Qué he de pensar, qué he de actuar? La escena no exige la caricaturesca interpretación de una película que en la mediocridad subyace, mi impotencia se desvanece con las sombras que dentro del sueño me atormentan, devorándome cual obras de Goya que a la carne con sus fauces hambrientas desgarran, y mi sangre falta seca ha quedado, consumiendo a mis venas en esa aridez que a su superficie agrieta, doliéndome con cada bombeo que el corazón infructuosamente produce, ardiéndome los adentros con el continuo sulfurar de un purpúreo líquido viscoso que niego a mis asaduras recorran, resistiéndome fútilmente en la disputa que la sexualidad me ha impuesto.

No existe una razón para ello pues poco es lo que os dejo: al viento que os relate mi nombre quizás algún día perdonaréis, de ello segura no puedo estarle, habréis a mí, en nombre de Allah disculpar.

A Marian he de besar, por su boca engullida seré y mi libertad sepultada he de disfrutar, mi egoísmo tan profundo ha sido que en mí solamente he pensado, ¿quién podrá reclamar aquello que todos, en formas y figuras distintas hemos buscado?

Os dejo mi nombre con los ojos cerrados.

Traducción: Svetlana Kurskova y Vlad T. (ASG)

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