M… de profundo.

Hoy de noche mis manos en vos se convierten: fluyendo por mi cuello habrán de expugnar ésta piel que, en eriales de piras, a los senos de vuestra lasciva furia marcarán, enrojeciéndoles con el ardor de las caricias que a los pezones con vuestros labios habrán de hilvanar.

A ésta cama he de tendedme de vuestra voluntad indefensa, expurgándome los pecados del abdomen mientras el suplicio del gemido de mi boca acalla, retorciendo las caderas y el cuello al unísono de los muslos mudos que entre ellos se entrelazan, acariciándome glúteos, cintura y caderas a la espera que el mandato vuestro sea quien a la entrepierna mis manos guíen, y de Venus plácida que vuestros dedos por ella se introducen, reclamo de vos el sempiterno de un aliento que al gemido mío en súplica el gozo os pide.

Jadeando en el sudor que a mi cuerpo convulsiona los deseos se ahogan, anegando los arroyos de humedad al restregar de Venus su vivacidad, y en la indigencia de la estirpe nuestra, entre espasmos, el orgasmo con mis dedos a profundo vuestro nombre gritan…

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