La manera de jugar (V)

V

Mirad que hay que tener vocación para ser tan puta y desvivíos por los culos que por cualquier camino se atraviesan. Pero mirad que todos ellos de puta madre están, algunos anchos y redondeados y otros estrechos y erguidos. Sí, debo confesadle: no puedo abstraedme de un buen culo que es acompañado por un par de torneadas piernas. Qué he de hacer, es mi debilidad y hasta mi delirio, parte de mi transversa naturaleza que tanto cuesta a los demás comprender, y no precisamente por la preferencia sado-maso, que dicho sea hoy muy en cliché se encuentra. Inclusive la “putés” (permitidme así denominadle) me podría ser perdonada, pero la preferencia sexual que profeso poco, muy poco es aceptada.

No sé si mi he sorprendido o consternado con la aseveración de Emina. Sin duda me ha sorprendido que pensare que 50 sombras de Grey es una excelente novela y película, y no precisamente la sorpresa me ha sido agradable. Pero lo que realmente me ha consternado es que pueda construirse un juicio a partir de una “idea o imagen” totalmente equívoca acerca del sado-maso que tanto en la novela, como en la película, se puede dilucidar. No soy experta en el tema y mucho me faltaría estudiar las relaciones sado-maso en los distintos ámbitos socioculturales para poder discernir con autoridad en el tema, ni tampoco soy psicoanalista para afirmar que dichas relaciones son producto de “una mente perturbada” o la consecuencia de una baja autoestima o cualesquier otro desorden psicológico infantil. Mi experiencia como sumisa tan solo me ofrece la perspectiva personal, y las ocasiones en que he tenido la oportunidad de fungir como Ama han sido siempre desde el mandato de una Mistress que me ha guiado bajo su tutela, adoptando el rol desde mi propia perspectiva sumisa que somete a una hermana semejante para complacencia de su Ama. Nunca he firmado un contrato ni me he sentido en la necesidad de hacerlo, como tampoco mis Amas me lo han exigido, pues nuestras relaciones se han basado en el consentimiento muto con la extrema libertad de poder dejar el rol en el momento y tiempo que le deseemos, de no ser así, la relación de entrega se convertiría en la esclavitud pueril que insatisficiera la voluntad misma del deseo de sumisión.

¿Es ilógico pensar que una chica pueda aceptar, desear y complacerse de ser sumisa? Quizás tanto como el pensar que una chica pueda disfrutar de ello, o como el pensar que una religiosa acepte el sacrificio del flagelo y la penitencia en nombre de un Dios. Mientras que estas pudieren ser consideradas Santas, a nosotras pudieren considerarnos “pervertidas o mentalmente insanas”, aceptando que esto pudiere ser discutible y aún que los contexto diferentes son.
¿Cuantas veces he tenido que besar a una chica en las comisuras de sus labios para evitar los prejuicios ajenos, disimulando nuestro deseo de que éstos se unieren en completo acomodo que permitiere a nuestras lenguas acariciar la húmeda suavidad que converse un mudo despido? Quizás han sido muchas o pocas, realmente no lo sé ni les he contado, tampoco me ha interesado llevar una estadística de ello, pero sí he lamentado en sinnúmero de ocasiones tener que hacedle y evitar “la pena ajena” que nos es a nosotras instituida.

Varias veces he afirmado que las relaciones lésbicas son sexualmente excitantes: pudiere inclusive afirmar que el noventa y nueve por ciento de los varones disfrutan al observar que dos chicas se cachondean y se complacen entre sí. Inclusive, una gran cantidad de chicas totalmente hetero tienen fantasías sexuales con otras chicas sin que éstas se lleven a cabo. Pero en el caso contrario, pocos son los chicos y chicas que disfrutan de las relaciones homosexuales entre varones. Desconozco si esto es producto de la educación cultural o inclusive de la estética misma: observar que un hombre musculosamente bien formado bese, acaricie y penetre a otro similar muy en contra de lo preestablecido se encuentra, mientras que contemplar que una chica de curvas delicadas se deleita con su similar es sexualmente atractivo e, inclusive, “artísticamente estético”. Es más simple aceptar que dos mujeres se cachondeen a que dos varones lo hagan.

Pero venga, esto no me exime en forma alguna de mi pulsión destructiva y sádica muy “Spielreinana”. Sí, gozo esa autodestrucción que con el dragón se filtra por mis pulmones y me deleito igualmente de mi sádica sumisión, y por muy paradójico que pudiere parecer, no soy ni más ni menos distinta que cualquier otra chica con la que podáis charlar u observar. Nada en mí es diferente: tengo dos tetas y una cintura, mis caderas son redondeadas (al menos eso creo) y mi coño se humedece si le excitáis. Tengo mis convicciones como cualesquiera las propias puede tener, y aunque mis gustos no sean del agrado de todos, ¿quién acaso puede complacer a un mundo cismático?

Me es extraño cómo hemos pasado de un extremismo “perjudicialmente impropio y malsano” a uno colmado de seductor erotismo gracias a la mercadotecnia y menos a la convicción propia. Hace algún tiempo escuché que un comentarista radiofónico se refería a 50 Sombras de Gray como “El libro pornográfico de las mujeres” y no pude menos que lanzar una gran carcajada que casi me asfixia: no señor mío, al menos para mí no lo es y dista mucho de serlo, al igual que convencida estoy que mucho es lo que dista de ser al menos un ejercicio literario y muy por debajo de la realidad misma, estereotipando el contexto y sus personajes.

Emina se encuentra convencida de que la película que recién ha visto es de las mejores y no he de ser yo quien le refute. Con mi amante juego los roles que nos placen y con mi amiga el fetichismo en mensajes de texto comparto. He sido Ama y sumisa de los deseos propios y ajenos y ni la “Historia de O” ni el “Necronomicron” son mis libros sagrados, más si ha de yacer muerto lo que muerto ha estado, entonces, y solo entonces, que sea yo “O”.

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2 pensamientos en “La manera de jugar (V)

    • Concuerdo con vos, cuando observé por vez primera la película quedé enamorada de ella. Su belleza era cautivadora y su sensualidad desbordante. Y sí, en efecto, creo ella jamás hubiere aceptado formar parte de 50 sombras.
      Gracias por la visita y por comentar.

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