M, de nombre que acallo. (Extracto, de la serie “Cartas”)

…Si acaso supiereis cuanto es lo que a vuestros labios ansío entenderíais el delirio de mi carne enardecida que por vuestros brazos brama. Sabríais, sí, que ciega me encuentro, que mis ojos de las órbitas me han sido arrancados y que por la ausencia, de mis pechos mutilada, a la espera de vuestra boca que de ellos sorban me encuentro. Sabríais que mis sueños calmos no son, que en ellos por vuestra morriña las congojas a mí atormentan despojándome de las caricias que a nosotras recorrer pudieren, acallando ensordecida éstas sabanas que de sudor impregnadas vuestro nombre sosiegan. Sabríais que nuestras tempestades por las noches calmar deseare, que fueren vuestras manos quienes a mí el cuerpo tañer pudieren, quienes a mí por el vientre con el espejismo de vuestra lengua convulsionar pudieren en el arrojo de la turbia alucinación de un texto enrarecido.

Si acaso supiereis lo que mis días de vos confiesan sabríais el por qué vuestro nombre acallo…

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