Bosquejo

Me ilusiona contemplaos mientras dormís deduciendo que vuestro cuerpo yace tras la fatiga de la tertulia que en nuestra piel con las bocas y los dedos nos disipáremos. ¿Sabéis? suelo hacedle continuamente; desprendedme sigilosamente del lecho que compartimos para, desde este mismo sofá que tantas veces me ha albergado sentidme desnuda y plácida dejando que el frío a mi cuerpo invada, que la gravedad a mis senos el volumen pierda en una complacencia plena de observar vuestro sosiego, vuestro sigilo de calma abrupta de evos perdidos, de céfiros que entre nuestras axilas se filtraren en la coyuntura de unos brazos ávidos del recorrido exhausto que en nuestros contornos con ímpetu recorrieren, recordando con lujuria los quejidos sordos y los opacos gemidos de enajenado placer que ambas, una en unísono con la otra, desfallecidas unos instantes antes expeliéremos.

Permanecer dentro de ésta obscuridad en ceguera absoluta podría, más es vuestra reflejo quien me lo impide, quien a mí urge el despertaos para entre mis brazos con mis labios nuevamente engullíos acariciándoos en ese entorno que vuestro bosquejo a mis manos en alfarera torna, descubriendo una y otra vez el contorno de vuestra figura entre los dedos que a vuestro cuerpo recorren, escalando las cimas de vuestros senos, remansando en los valles de vuestro abdomen cuando mi faz entre vuestros muslos descansa, reconciliando la fuerza necesaria para emprender de nueva cuenta la batalla de la sexualidad nuestra.

Os contemplo en los pliegues que las sábanas de vuestro cuerpo dibujan, en la almohada que la furia de vuestro cabello en remanso transfigura, en las líneas largas que vuestras piernas del arropo expuestas del embozo desertan. Os contemplo en el aire que respiráis, maldiciéndole por no ser yo quien por vuestra nariz en vos me infiltro, para desde dentro, con vuestra sangre viajar por los páramos que vuestra tintura impregnar de mí pudieren, transpirándome por los poros para en vuestra piel mansamente escurrir, humedeciéndoos de mí misma en esa transmutación amorfa que a vuestro cuerpo estremecer hiciere, sin importadme si en el remanso seco de sed morir mereciere.

Permanecer dentro de ésta obscuridad en ceguera absoluta podría, más es vuestra reflejo quien me lo impide, sin importadme si en el remanso seco, herida por vos morir en la noche nuestra lograría.

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