Marian Arapovic, una historia corporativa

Sin negar que la combinación de colores no era de mi entero gusto aquella chica lucía espectacular: ataviada con una entallada camiseta de algodón color verde obscuro de donde podía leerse alguna frase en inglés, o mejor dicho, en donde con letras chispeantes que sobresalían de la adusta y generosa redondez de sus senos podía notarse el adorno de una frase en idioma inglés, la cual, por supuesto, pocos eran quien la leyeren, pues el atractivo y embelesamiento no se encontraba en su significado, sino en la voluptuosidad que perfectamente se podía apreciar de las orbes y contornos que sobresalían de un estrecho y delicado pecho, descendiendo inevitablemente la vista por su terso y homogéneo abdomen para encajar la mirada en una cintura coronada por el inicio de una ajustada falda corta de color azul marino. Intenté no ser obvia pero ello imposible fue, una se percata perfectamente de cuándo las miradas se ajustan a los contornos y creo en ésta ocasión ella pudo percibirlo. En contraposición a la creencia de que solamente los chicos fijan la mirada sobre la curvatura de una mujer, muchas somos quienes lo hacemos ya sea por la crítica, la admiración, curiosidad o simplemente por la atracción que un cuerpo bello y perfectamente delineado nos produce, y el de ella, sin lugar a duda alguna era atractivo a quien le mirare, pues al caminar podía sobresaltar su esbelta espalda recta, tranzando una línea íntegra que se desprendía desde el cuello para terminar abruptamente en la curvatura irreprochablemente delineada de unos glúteos sobriamente briosos y erguidos, aferrándose a ellos la tela de la falda con estridente tensión que se escurría entre el tejido que descendía hacia sus muslos, los cuales también eran claramente percibidos por un tejido menos tenso, pero que igualmente le rodeaban para dibujar correctamente las líneas que éstos, generosos y firmes, continuaban por unas medias de igual color, estrechándose en las rodillas para curvarse nuevamente por las pantorrillas y perderse dentro del tubo de piel obscura de las botas de tacón bajo que calzaba. Su cuerpo estrecho era delicado y frágil, más no como aquellos otros que parecieren quebrarse cuando les abrazáis. Éste, aun cuando delicado al tacto se sintiere, daba la impresión más de sensual y sutil fragilidad, despertando el espíritu de protegerlo, de dejadle entre los brazos y alejadlo de la peligrosidad que pudiere enfrentar. ¿Podría concentrarme en el trabajo con ella a mi lado? No lo creía, imposible me era hacerlo. De todas las mujeres y hombres que existían en aquella empresa tenía que haber sido precisamente ella la encargada del proyecto que iniciaríamos esta misma semana, y no es que impreque de mi fortuna o infortunio, como desee catalogarse, pues si aún su figura no fuere suficiente para en mí producir el sobresalto y la inquietud constante, su rostro, que no era en realidad bello y sí bastante común, producía un destello radiante al sonreír que bien podría a mí haber asesinado en un acto de pasión y ternura desmedida:

– Bienvenida a Microban Corporation –comentó mientras ambas nos separábamos del pequeño abrazo y ese beso fingido que jamás se otorga cuando se saluda a alguien al conocerle-

– Gracias –alcance a responder torpemente mientras ella extendía sus brazos en señal de que tomaremos asiento una frente a la otra, cruzando de inmediato ambas las piernas al sentarnos. Mi vista, por más esfuerzos que realizaba en fijarle sobre sus ojos escapaba en fracciones de pequeñísimos instantes para seguir el recorrido de su figura. Me era imposible, seguramente ella se sentiría incómoda al percibir que mis ojos erráticos bailaban incontrolablemente por su silueta, deteniéndose perpetuamente en sus muslos que, al cruzar las piernas, la falda al plegarse dejaban aún más al descubierto, o bien, deteniéndose en sus senos inmejorablemente delineados y que la camiseta de algodón amoldaban en su contorno, o en la cintura que estrujaba la franja ancha del nacimiento de su falda, o sus hombros estrechos y pecosamente blancos, o sus labios de cremosa tintura carmesí que seguían pronunciando palabras que poco entendía y comprendía en una charla monologa, sin acertar yo contestar lo que a mis oídos los ojos cegaban, ensordeciendo cualquier respuesta que pudiere yo responder.

– Perdóname, soy malísima para los nombres. Me dijiste que te llamas… -pregunto flexionándose hacia mí en espera de la respuesta.

– Ericka –respondí flexionándome igualmente hacia ella- y vos sois Marian, ¿cierto?

– Marian Arapovic –respondió sonriendo mientras tomaba mis manos entre las suyas en un gesto de cordialidad- ¿Y ya visitaste algo de la ciudad?

– No he tenido la oportunidad, mirad que el fin de semana ha estado lloviendo y vale, le he pasado en el hotel.

– Pues no te preocupes, ya tendremos oportunidad de salir y enseñarte las cosas bonitas –“tendremos oportunidad de salir” ¿me estaba proponiendo que fuéremos a visitar la ciudad, como en una cita?… Sí, sí, sí, porfis, eso sería muy lindo. Aunque también lindo sería solamente estar con ella en una cita, sin necesidad de salir,… olvidemos la parte de “salir”, no tendríamos el por qué perder tiempo. Marian proseguía charlando mientras mis ojos continuaban danzando para observar cada uno de sus detalles: sus manos y delicados brazos, sus hombros y su esbelto cuello, sus muslos generosos y sus pantorrillas apetecibles… “Venga chica, poneos de pie y enseñadme de nuevo ese redondeado trasero que…” “Vale, que os prometo no ha sucedido nada Sveta,… hasta ahora.” Regresé de divagar cuando Marian encendió el portátil y cargó una serie de archivos estadísticos y de información administrativa.

– Estos son nuestros registros que hemos estado llevando –comentó señalando la pantalla del portátil- como verás, muchos de ellos no cumplen con la norma establecida que nos ha sido impuesta por el corporativo central… -¡Al diablo con el corporativo central y la norma! ¿Quién podría poner atención a las estadísticas y registros con ella al lado? De pronto me vino a la mente una ilustración cómica que había observado en días anteriores en donde una muy bien dotada chica le comentaba a una de sus compañeras de trabajo que sentía que todos los hombre la observan “como si la estuvieren desnudando”, y su compañera de trabajo, mientras se lo comenta, la imaginaba desnuda. Así exactamente me sucedía, lo que causó que esbozare una pequeña sonrisa.

– Sí, es un poco cómico –comentó al percatarse que sonreía- pero no te creas, no vayas a pensar que todo lo llevamos tan mal. Esto lo hacemos así porque no tenemos forma de llevarlo de otra manera. Con lo que nos van a desarrollar esperamos subsanar éste y otros contratiempos que tenemos. -¡Por Allah, que chica tan atractiva, simpática, inteligente, educada y amable!… Sí, sí, sí, sumadle cuanto adjetivo calificativo de superación y asombro queráis: esa chica los tenía todos, y aún los faltantes que no fueren aún inventados o descubiertos los poseía. Todo lo que ella hiciere podría calificarse de perfecto, ¿quién podría acaso increpar en ello? Yo no me atrevería a hacedlo… ¡Santa madre de Jesús! Mirad que católica no le soy, pero vale, que por ese trasero que ahora nuevamente observaba al ella erguirse para dirigirse hacia el escritorio y retornar con una serie de hojas podría haber sido conversa a cualquier religión que Marian deseare. Por esa boca de labios húmedos en carmesí delineados y sus pechos firme dejaría hacedme de todo… Venga Ericka, no seáis tan sumisa ahora, que quizás a la chica le guste más alguien que “se lo haga”,… vale, vale, que entonces “le haría de todo”, mirad que sabéis puedo ser switch sin problema alguno, que no está por demás la experiencia que he adquirido…- Si te fijas en éste concentrado –continuó al entregadme las hojas por las que había ido- puedes notar que los registros de clientes, y sus estadísticas de compra, van ligados al historial de cotizaciones y pedidos, integrando perfectamente el historial completo de cada uno de ellos.

– Sí, me doy cuenta de ello –respondí atolondrada entre mis divagadas fantasías eróticas que me sobresaltaban en cada instante- ¿El clima siempre es tan malo aquí? – pregunté estúpidamente. El clima, inevitablemente, puede ser un punto de quiebre para el inicio de una charla absurda e intrascendente, sin embargo, es ésta ocasión surgió como un escape, pues mi falta de concentración en las estadísticas e información que me mostraba prontamente sería evidente.

– No, en realidad no –respondió mirándome fijamente-. Creo te estoy bombardeando con la información demasiado pronto ¿verdad?

– Anda, no pasa nada -¡Por supuesto que sucedía! Su cuerpo me llamaba a la intemperancia inesperada de sobre ella abalanzadme en ese mismo instante, besándole esos labios húmedos para tomar sus senos entre mis manos aplastándoles y estrujándoles desenfrenadamente, haciendo que entre mis dedos se esparcieren para mientras, con mi boca, saborear su cuello en cada poro que escurría hacia sus hombros al tiempo que mis manos se acercaban a su cintura por la espalda para hacia mí atraedle, olvidando ellas sus pechos que entonces con los dientes mordisqueare. Al último dejaría sus glúteos, erguidos y firmes, que por debajo de su falda mis manos en círculos explorarían en su redondez.- Venga chica, en verdad no pasa nada, mirad, es que aún no conozco del todo la empresa y pues, vale, me es un poquillo difícil…

– Tienes razón –comentó cerrando la pantalla del portátil- Ven, te doy un recorrido por la empresa para que vayas conociéndola. ¿Vas a estar aquí toda la semana, verdad?

– Sí, toda la semana –comenté con pretensión de que “esa semana” fuere “¡ésa semana!”-

Ambas nos levantamos de nuestros asientos e iniciamos el recorrido, después de lo cual siguió la comida en un lindo restaurantico a la cual fui invitada por ella,… y por su jefe, y por la directora de recursos humanos, y por el director administrativo, y por el director de sistemas, y por, y por más por…

En el atardecer, y ya en mi habitación del hotel, al cual llegué sola y en taxi desde Microban Corporation, seleccioné con cuidado cada una de las prendas que vestiría durante la semana, eligiendo las mejores combinaciones posibles y procurando que todas, sin excepción, fueren faldas o vestidos acompañados de medias y zapatillas altas; algunas blusas escotadas que no fueren vulgares y sí elegantemente sugestivas, gargantillas y collares, pendientes, labiales, pulseras y argollas; bolsos que combinaren y maquillaje que diere a mí la frescura que ante ella pudiere rivalizar y también seducir.
Hoy me encuentro en el puerto aéreo a la espera de que mi vuelo sea anunciado, escribiendo en éste ordenador mientras los minutos transcurren, sin descubrir ni conocer ningún recóndito lugarcillo de ésta ciudad y con los tickets de los taxis que diariamente, por las tardes, me llevaren de Microban Corporation a la habitación de mi hotel, pues: “vale, que os prometo no ha sucedido nada Sveta,… hasta ahora.”

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