Furtivo otoño

Muerta yacéis y muerta estáis, nuestras carnes de podredumbre cansadas a los huesos de herrumbre cubren, fatigando las reminiscencias por vuestro recuerdo que en mi memoria pierdo, desvaneciendo el pretérito en los senos nuestros de los cuerpos que entre sombras aprendiéremos con nuestras manos a delinear, dibujándonos en los contornos que una en otra trazaremos, que una en otra con los labios marcáremos, ciñendo la estreches de la cintura nuestra, de las caderas malsanas que lascivas al dibujo del contorno interrumpieren.

Muerta yacéis en ánima de mí apartada, y es éste humo que en aliento de un dragón me intoxica quien a vos maldecir no concibe, pues sois mis senos estériles quien a vos imploran, sois mi boca acallada quien a vos nombra, sois mi abdomen sediento quien a vos reclama. Sois vos la muerte seca y acallada que en vuestro recuerdo yo pierdo.

Muerta yacéis, en la herrumbre de nuestra carne cansada.

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