Al caer el atardecer (Capítulo XI)

El siguiente texto es continuación de la novela “Al caer el atardecer”, de la cual ya he hablado en entradas anteriores.
El texto en sí, al igual que el estilo, es un tanto diferente a lo que suelo publicar en éste espacio y el capítulo que transcribo no se encuentra completo, por lo que os doy una disculpa anticipada por ello.

Capítulo XI

I
– No tan adicta, pero sí, nuevamente he de reconocedle: la pornografía era un ritual cotidiano en mi vida diaria. Solía archivar en el ordenador las imágenes y videos que me iba encontrando ahí y allá mientras no me estuviere en una sesión sado. Os lo he dicho antes, no pongáis esa cara de duda, si bien me consideraba sumisa 24 por 7 tenía mi propia vida privada. No solía estar siempre junto a mí Ama, ni tampoco solía vivir en su chalet por el tiempo mayor que las sesiones duraren; Debía a ella obediencia, y aunque con ella no estuviere, sí sus reglas y dictámenes debía seguir, mas ello no impedía a mí el que continuare con mis actividades diarias y “normales”, y una de esas actividades “normales” era el coleccionar pornografía, aunque dentro de los lineamientos de sumisa explícitamente no se encontrare… Cuando sentía la necesidad, solía buscar entre los archivos del ordenador para miradles nuevamente mientras me autoflagelaba y masturbaba, pues en ocasiones solían pasar semanas enteras sin que mi Ama me llamare para asistir a una sesión sado, aun cuando esa sesión fuere por una sola tarde o noche.

– ¿Qué tan cotidiano era el que te llamara para una sola noche? Ya sé que me acabas de decir que solían pasar semanas antes de que te llamara. Me refiero a que si era más común el que asistieras solamente un día a que asistieras por largos períodos-

– Común, era más común sesiones cortas a sesiones largas. Por lo regular eran sesiones solo de fin de semana; viernes por tarde para terminar en domingos de madrugada.

– ¿Te prostituía?

– ¿Acaso no lo éramos? Mas si os referís a que en alguna esquina debíamos permanecer a la espera de “clientes”, no, no lo hacíamos. En ocasiones éramos “rentadas” por algún tiempico entre el mismo círculo de Amas y Amos, inclusive con sus allegados y sip, percibíamos una “retribución” por ello, pero esto era parte de la sumisión que a nuestras Amas debíamos. Ellas eran nuestras dueñas, a ellas pertenecíamos y ellas eran quienes nuestros designios dictaban. Siendo libres de nuestros actos, decidíamos a ellas entregar nuestra voluntad. En alguna forma u otra todos nos prostituimos, ya sea por cuestiones monetarias, morales y aún sociales. Debiéremos definir lo que prostitución es, pues si exclusivamente a sexualidad os referís, mirad que aún un amante definido como prostituto sería, pues el placer carnal que de el se recibe satisface la incauta necesidad de la ofensa que al cónyuge se otorga… No chico, no transverso las palabras, prostituirnos es común aún en aquellos menos propensos a ello. El que nosotras diéremos satisfacción sexual, social y moral en los instintos más bajos, si así deseáis nombradle, no nos hacían menos distintas de aquellas que guardaban en su interior dichas aspiraciones. ¿Acaso menos fuéremos que esas otras chicas que fantasean con encuentros lésbicos y que jamás se atreven a efectuarlos? Os sorprenderíais de cuantas son, de cuantas fantasean con ello, con estar con una chica en la cama, lamiéndose, tocándose, gimiendo en extremo con el cuerpo de otra chica que les produzca placer. ¿Y los chicos?… No, claro, los chicos no fantasean con ello, les basta excitarse observando los actos púdicamente lésbicos, les satisface escuchar los gemidos de las chicas para hacedles endurecer lo suficiente y escupir su falso pudor. ¿Pero no es acaso un acto homosexual lo que os está excitando? Os lo he dicho centenares de veces y os lo vuelo a decir ahora; el placer no encuentra distancia o límite alguno, solamente se topa con tabúes ufanos y pueriles.

– Y tú estabas muy dispuesta a olvidar esos tabúes-

– Sí, lo estaba y estaría aún dispuesta a ello. ¿Sabéis? Muchas fueron las ocasiones en que fantaseé con una actriz porno que aún hoy me fascina: Justine Joli es su nombre. Rubia, castaña o pelirroja, cualquiera que fuere su tinte de pelo me parecía una de las mujeres más bellas y sensuales que existieren. Encantada hubiere estado de que fuere ella alguna vez mi Ama, o de que yo de ella lo fuere: su gallardo cuerpo esbelto era perfecto; de piel pálida que en el viento la tintura perdiere, coloreando su rostro en carmesís de labios sutilmente delineados que hacían de su boca apetecible en besos cálidos y de lujurias sedientos; de voz infantilmente aguda que os podría hacer aceptar cualquier lujuriosa petición tan sólo al pronunciadle, pues su tesitura de escarlata terciopelo os traspasaba más que los oídos mismos, aferrándose a la piel en un estridente que le erizaba. Sus pequeños senos generosos jamás perdían la redondez de su firmeza, sin ser víctimas de la gravedad que los distanciare en óvalos imperfectos que descienden, y muy por el contrario, le asían consistentes a su pecho, provocándoos la perfección de unos senos estéticamente pulcros, lisos, sin imperfecciones que pudieren malgastar la belleza de en su pecho portarles. Uno de sus videos fue quien a mí cautivó, pues éste, aun cuando de soft bondage fuere, era tan estéticamente bello y sensual que no puede menos que observadle una y otra vez, embelesándome de la belleza misma de Justine ataviada con un pequeño arnés en donde se le estimulare con electos mientras gallardamente caminaba, suplicando ella que la estimulación continuare permitiéndole el orgasmo. Muchas fueron las ocasiones que deseé ser yo misma quien Justine en esa escena fuere, o más quizás, muchas fueron las ocasiones en que deseé fuere yo quien a Justine en esa escena atormentare, escuchándole suplicar con su voz de agudo terciopelo, observándole caminar gallardamente con su zapatillas de alto tacón que magistralmente dominaba, produciéndole el placer extremo que parecía disfrutar para ser yo misma quien le suplicare continuare con su ritual y poder ser yo quien el orgasmo alcanzare, muy por encima del suyo, tan solo por observadle y escuchadle sin jamás tocar o morder su piel de blanco y jugoso durazno.

II
– Tiene boquita de pato –comentó en forma divertida sin apartar la vista de la pantalla del portátil- aunque debo de reconocer que su culito es lindo, con nalguitas paraditas y redondeadas en forma de corazoncito…

– ¿Boquita de pato? –inquirí-

– Sí chica, de pato,… trompudita pues.

– Venga Sveta, que no está bocona, quizás un poquillo por la forma de sus dientes, pero de trompuda nada. A mí me encanta su forma…

– Si nadie ha dicho que no esté rica –interrumpió- de que está rica pues sí, está riquísima, sólo hay que mirarle las tetas,… puf, las tiene perfectas la desgraciada, no se le cuelgan casi nada. Las tiene operadas, no me digas que no las tiene operadas.

– Nop, son naturalitas hasta donde yo sé. Venga Sveta, que si las tuviere operadas se le notarían, no hay manera de que lucieren tan naturales.

– Por Dios, ¡y ahora que le hacen! No es real todo eso, ¿verdad?

– Sip, si lo es.

– Nooooo –inquirió con un largo no que arrastró por su boca- ains, debe de dolerle, hacer que el clit se meta por ese tubo de vacío… Mira, mira, ains chica… que esa mujer podría ser nuestra madre, vale, la mía no, que esta está panzona…

– Nina Hartley –Respondí- Sip, es una Mistress ya grandecita y también sip, panzona como decís, parece embarazada –respondí mientras ambas reíamos de ello.

– Oye, ¿en verdad se siente placer mientras te hacen todo eso? –preguntó intrigada-

– Mucho, mucho más de lo que puedes imaginarte –respondí mientras dejábamos el portátil sobre la cama para que ambas nos distendiéramos sobre nuestras espaldas para mirar hacia el techo. El video de Justine continuaba reproduciéndose por lo que podíamos escuchar sus lamentos y pequeños pujidos de gozo mientras Sveta y yo continuábamos charlando- En realidad no sientes tanto dolor como placer –continué- ,… vale, sí te duele –corregí al percatadme de la vista incrédula que Sveta me lanzare volteando la cara para mirar mi perfil- pero es un dolor placentero,… erótico y lascivamente placentero que se convierte en parte del gozo mismo –continué mientras me llevaba los brazos hacia la cara para ocultar los ojos bajo ellos.

– No sé si yo pudiera hacerlo –comentó pensativa al fijar la vista en el techo- Hay ocasiones, cuando me cuentas, que se me antoja tener una experiencia así, pero la verdad no sé si pudiera hacerlo. Pensar que te hagan todo eso y lo que debe dolerte,… no sé, no sé si me atrevería. ¿Alguna vez te han lastimado?

– No más de lo que yo he querido –respondí- He quedado adolorida, sí, y con algunas marcas también,… nada grave y no más allá de lo que he deseado. Mirad chica, no se trata de que te dañen o maltraten,… venga, si lo hacen,… pero no en la forma como creéis. No es snuff, no se trata de que te hagan lo que no estas dispuesta a que te hagan, y vale, que tampoco se trata de que te medio maten por el placer mórbido.

– ¿Entonces?

– ¿Entonces qué?

– ¿Entonces de qué se trata?

– Pues de eso chica, de roles y convicciones, de placeres físicos, sexuales y sip, de placeres,… mmm, de placeres ¿“morales”?, Vale, creo me he liado yo sola –ambas reímos- Es que no quiero decir la palabra “espiritual”, que vos sabéis no me gusta decidle y ni creo en ella. Digamos convicción, dejemos esa palabrilla, que vos sabéis a lo que me refiero.

– Sí, creo entenderte, pero eso no quita que puedan llegar a hacerte daño, o que puedan sobrepasar los límites que se impusieron, o que inclusive puedan llegar a hacerte cosas “malévolas” que no deseas.

– Debes confiar en tu Ama, o en tu Amo, en que no sucederá. Mirad, una verdadera Ama no os conducirá más allá de los límites, no os forzará a hacer lo que no deseas hacer, aunque la negación por hacedle sea parte del rol. Vale, mirad,… poneos boca abajo.

– ¿Qué? –respondió extrañada.

– Sí chica, volteos sobre la cama y poneos boca abajo –repetí con firmeza. Svetlana, aun extrañada, hizo lo que le pedía, volteando su cuerpo para yacer sobre las sabanas de la cama, después de lo cual azoté con firmeza moderada su glúteo derecho con mi mano- ¿Te gustó? –pregunté acto seguido.

– ¡Me dolió! –respondió sobresaltada, a lo que yo respondí nuevamente con un azote más ligero al tiempo que besaba su cuello, aguardando pequeñísimos instantes para percibir su reacción y continuar besándole el derredor de su cuello por debajo de las orejas mientras continuaba dando pequeños azotes con mi mano sobre sus glúteos. Podía percibir como Sveta se sobresaltaba con cada azote, pero igualmente percibía que Sveta aceptaba las caricias que sobre el cuello le daba, deteniéndome de improviso después de un tiempo- ¿Veis? –Sveta permaneció boca abajo contrariada sin responder- A eso me refiero –continué al tiempo que me acostare a su lado- se trata de percepción y saber hasta dónde es el límite. No quise hacerte daño y sí quise que lo disfrutaras mientras te azotaba. Yo disfruté azotarte, y tú disfrutaste que te mordiera y besara el cuello: tu límite fue la intensidad, y el mío no llevarte más allá de ello.

– Puf chica, por un momento pensé que nos haríamos amigas con derechos y sin obligaciones –comentó riendo mientras se giraba para yacer nuevamente de espalda- Vale, que desde hace un ratico, cuando tus papás no están, nos dormimos en la misma cama,… pero pues…

– Pero pues no ha pasado nada. Sí, ya lo sé Sveta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: