Distancias insulsas

Tan solo he podido dormir un poco; dormitar, como soléis decidme con ese acento turbio, burdo y de otoño entrecortado que me seduce cuando escucho vuestra voz en un hilo delgado y sutil que teme hender al silencio mismo, como deseando no perturbadle y que éste pierda su significado entreabierto que a nuestros cuerpos condujeren en un desnudo abrazo.

Las sábanas vacías que por entre las almohadas se escurren en pasiones faltas me hacen a vos evocar, temiendo de las tribulaciones que enloquecedme puedan, y no fueren ellas quienes la falta de cordura a mí pudieren otorgadme; fuere vuestro recuerdo que a la carne mía se aferra, vuestras caricias que a mis pechos se empuñan, vuestros labios que a mis sueños la tranquilidad quebrantan: fueren vuestras manos, que a las mías asidas, en pasos cautos por nuestros cuerpos caminan.

El silencio de la noche vuestro nombre canta, y yo, tendida en ésta habitación conciliar el sueño no más podría, la urgencia por vos me impide sosegar la hambruna que en el vientre mío carcome las ansias de entre mis manos vuestros muslos recorrer, arrodillándome a vuestras pantorrillas para con mi pecho abrazadles, dejándoos inmóvil, carente de pudor lascivo que con mis ojos de vuestra cintura en mi masturbado orgasmo de vuestro recuerdo os arrancare.

Y en el silencio de éstas almohadas y sábanas de esta cama en sosería huyo, pronunciando en la noche con mis manos vuestro nombre y encanto…

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