Dejadme

Embriagadme de vuestros labios que a mi cuerpo recorren, dejadme putrefacta en la carne estéril que a las caricias vuestras la muerte mía arrancan. Secad mis pechos que a vuestra boca amamantar no pueden, dejad que en el graznido el cuervo con su pico por mi vientre las entrañas arranque. Dejadme en el orgásmico olvido de ésta inmundicia que a la garganta mía ahoga, descarnando en el otoño mis huesos que al viento de sus cenizas emerger en el infierno puedan. Dejadme por la vulva estéril, penetrando los tormentos vuestros y míos en el recóndito pudor que en relapsas nos truecan, dejándonos putrefactas en el averno, abjurando por las bocas en sus llamas de cenizas que a nosotras consumen.

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