No puedo

No puedo decíos sencillamente adiós pretendiendo olvidar un pasado que alcanzar no logramos. Nuestro presente de instantes se llena, vacíos ellos en el olvido de vuestras manos, de vuestra voz que en susurros a mis oídos henchir podrían; de vuestros arrojos faltos que trepidar me hicieren, de vuestra boca huidiza que a mis labios nuestra saciedad callaren. Olvidadle no podría, la apócrifa historia que escribimos en las letras de capítulos solitarios se difuminan, y es la tinta quien en mis ojos ahora se derrama, crucificando la ilusión de una plegaria por vos asesinada, hincando en el pecho desangrado el frío flagelo que acompañadme debe.

No busquéis llamadme, escuchar vuestra voz a mis manos en estigmas convertirán y sangrar más no pueden, vacía y seca he quedado, desangrada habéis de mi tomado para vos el último aliento y morir aún no deseo. Permitidme el no olvidaos, el que vuestro susurro por los rincones de casa se esparza, que sean ellos quienes la tintura a mi piel tiñan dejando que nuestro adiós sea quien nos separe y no las hendeduras quienes nos unan, consentid que vuestro recuerdo fatuo sea quien a mí sane, quien a mí respirar con vuestro adiós de nuevo permita.

Pretender en este despedida olvidaos, no puedo.

(A Bibi, atreviéndome tomar sus emociones)

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