Ciénagas

Este calor me agobia sin lograr perderme en la inconciencia de la profundidad de una nada que a mi mente y cuerpo contengan, yaciendo mi cuerpo sudoroso y húmedo en este lecho de vos sediento, calcinando los deseos que incineran los nervios a mi carne aferrados. Exhausta de vos permanecer deseare, que fueren vuestras manos, y no las mías, quienes en el vientre se postraren, recorriendo la humedad de la piel, deslizándose en el entorno de una marcha que hacia mis senos os condujeren apartándoles en el convexo del pecho mío, evaporando con el aliento de vuestra boca los pezones que enhestados y endurecidos iracundos por vuestros labios braman.

La humedad por mis costados escurre mientras mis dedos transeúntes entre ciénagas por los muslos en un revuelco transitan, agitando la respiración convulsiva en los sordos sonidos que guturales a los pliegues de mi sexo se enganchan, empuñando el deseo que a mis adentros húmedos traspasan y que con mis dedos a su salacidad satisfago, retorciendo mis caderas con el convulsivo continuo de un fervor que a mi cuello sofoca en el ahogo de un quejido que al orgasmo solitario presagia.

En este lecho de vos sediento, el sudor entre mis manos a mi cuerpo agobia.

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