Y es que no es un día cualquiera

Pareciere que el sentido común dicta que hay que permanecer en el lugar correcto en el minuto correcto, y quizás, en la mayoría de las ocasiones la premisa se cumpla. Mas en extrañas circunstancias permanecer en el lugar erróneo otorga los mismos resultados, sea cualquiera de las consecuencias que hacedlo conlleve.

Desde hace un par de semanas anteriores, muy en contra de mi voluntad, he dejado el apartamento que compartimos para viajar de ciudad en ciudad visitando e implementando los proyectos de los clientes que en la oficina tenemos contratados. Esto nuevo para mí no lo es, pues como parte de mi desempeño laboral bien tipificado lo tengo y desde la época en que con Andrea mi vida compartiere se viene repitiendo, interrumpiéndole a su interfecto, lo cual provocare huyere al refugio de un consuelo en los jardines de Santa Sofía en busca de esas autónomas tardes de pubertad que en esos mismos jardines igualmente buscare. Y al igual que antaño, la voz de su silencio enturbió mi vista dejándome ciega de lo que escuchar debiere, incapacitándome del consuelo y autocompasión.

– ¿Sveta? Sí chica, os escucho, mirad que aquí mucho ruido existe, y venga, que estos pinches móviles a cada ratico se cortan. Os he marcado más de cuatro veces antes de poder enlazar… Vale, vale, que las groserías sabéis no son lo mío. Pero por Allah, en serio, comunicadme por el móvil me cuesta… Sí, bien, extrañando a vos, y venga, con el cabrón del Director que no termina por decidir qué puta mierda quiere… Vale chica, no reprendáis a mí, decídselo al tipejo ese que llevamos toda la mañana en cambio y cambio y avanzar no podemos… -Y es que existen días en donde os encontráis en el momento equivocado en el minuto equivocado; en donde al levantaos de la cama sentís que no debéis duchaos y preparaos para acudir a las citas de trabajo, y mucho menos después de los pormenores que habéis sorteado. Por la mañana me había quedado dormida más de lo debido ya que la alarma del móvil no se había activado, pues víctima del descuido había ajustado solamente el reloj de pulsera y olvidare completamente cambiar de horario en el móvil, presuponiendo éste se sincronizaría “solito”, lo cual evidentemente no hizo. Así pues, con atolondrada lentitud al abrir los ojos y observar el reloj de pulsera que dejare sobre el buró de un brinco hube de tirar de las sabanas para incorporadme y dirigidme a la ducha, la cual no pude disfrutar como suelo hacedlo, bastando solamente para aseadme lo indispensable y correr atónita de nuevo a la habitación mientras me secaba el cuerpo con la toalla, tirándole en cualquier parte de la cama. Sveta no me recriminaría por ello, seguramente ella aún dormida permanecería en nuestra cama que yo ya mucho extrañare por motivos tanto de descanso plácido como de bulliciosos y agitados menesteres de tórrida sexualidad. En la noche anterior debería haber preparado mi atuendo, pero la pereza de hacedlo invariablemente vencía a mi determinación, por lo que ahora, agitada y desesperada, buscaba entre la maleta por el coordinado de panty y sujetador adecuado, lo cual, obviamente no conseguí decidiéndome por una panty y un sujetador en colores y estilos distintos que poco coordinaban. Mi vanidad por ello afectada no se vería, pues no esperaba a que el Director que visitaría fuere de esos que os escudriñan al grado de sentíos desnuda, y en el caso de que así fuere, segura estaba que mi panty blanca y sostén rojo de copa preformada le encantarían. Observé el reloj, el cual implacable marcare el poco tiempo del que aún disponía, transcurriendo los minutos cuales segundos que entre mi pelo se deslizaban cuando a éste le peinare, maquillándome levemente sin utilizar base para dejar un aspecto tipo nude,… el labial, ¿en donde diablos había puesto los labiales? No podía dejar de darles color, el vestido rojo es difícil de combinar con el maquillaje y los zapatos. El llevar los labios carentes de colorido no combinaría en absoluto y en lugar de obtener una buena presentación podría dar la impresión de descuido personal. ¡Pinche labial, en donde estaba el pinche labial! Hube de buscadle por toda la habitación enfundada solamente con las pantys, el sujetador y las pantimedias que atoré en una esquina del cierre de la maleta, lo que hizo que se corrieran en una línea perfectamente recta del glúteo al tobillo,… ¡Carajo, pinche maleta! ya no tenía pantimedias de ese color y el puto reloj, tan campante, continuaba con el minutero cual segundero, estrangulando mi poder de decisión para verlo restringido a simples actos de impulsos correctivos… Sin medias, las quitaría y me iría sin medias,… venga, que le hubiere hecho si acaso no fuere una cita de trabajo, pero en ésta ocasión el ataviadme sin medias no era opción. Entre tirones y tropiezos mientras descendía las pantimedias por las piernas me acerqué a la otra maleta para hurgar dentro de ella, encontrando un par de medias que podrían combinar por lo que sin pensadle por segunda vez las deslicé por cada una de las piernas hasta la parte superior de los muslos solamente para percatarme que no eran medias con liga, por lo que al caminar éstas de deslizaban sutilmente, lo cual seguramente muy sexy sería bajo otras circunstancias, más no la actual circunstancia… “¡Por Allah! Puto reloj, dejad de caminar y dadme un respiro, mirad que he perdido ya el desayuno y he de idme sin probar bocado y venga, ahora a hurgar para encontrar un lindo liguero… ¡A la mierda! Olvidaos de lo lindo y sexy y ajustad el primero que encontréis de ese mar de tela revuelta que otrora correspondiere a vuestra lencería pulcramente acomodada” Sensual lucía sin duda: pantys blancas, sujetador rojo de copas preformadas, medias nude transparentes y liguero de encaje ¿rosa? Venga, que más abigarrada no podía estar. No importaba, el vestido lo cubriría todo y sólo dejaría al descubierto lo que al descubierto debiere estar; ni el Director, ni los que a la cita asistirían contaban con visión de rayos X como los dispuestos en los puertos aéreos. Y en todo caso, en la visión de rayos X el color es inexistente. Descorrí el cierre que el vestido tenía por la espalda para deslizarlo por arriba de la cabeza, subiendo los brazos para que éste descendiera lo más rápido posible, y una vez ajustado al cuerpo, hube de realizar verdaderos actos acrobáticos dignos de cualquier espectáculo del “Circ du Solei” para poder subir nuevamente la cremallera de la espalda. Lista, ahora sólo las zapatillas que a la mano tenía, un par de pendientes que rápidamente al lóbulo de las orejas traspasé, el reloj de pulso que en el buró se encontraba y un collar de pequeñas perlas completaron mi atuendo. Me observé al espejo y reacomodé rápidamente el pelo con las manos. Miré el reloj nuevamente y el minutero había vuelto a marcar minutos, otorgándome los suficientes para dejar la habitación en búsqueda de un taxi que me llevare hasta el número 485 de la onceava avenida.- Ains, ni lo mencionéis Sveta, sip, prosaica y vulgar en la mañana he sido, pero chica, comprendedme, mirad que presionada estaba y vale, sabéis me “transformo”… ¿El labial?, pues nada chica, que me he dao cuenta en el taxi que no me lo había puesto… Pufff, nop, que a tiempo no he llegado,… retrasada, sí… Pues imaginaos qué me ha dicho: “Buen día señorita, llega usted con retraso, al menos contamos con la mañana para verificar el sistema”, puf, y vale, yo con cara de estúpida atolondrada y apenada. Que venga, no sé si aun llegando a hora las cosas hubieren cambiado, mirad que pesado ha sido el chico… No, no hemos concluido, nos hemos tomado un receso y yo me he salido un ratico para encender un cigarrillo y podeos llamar. Vos, ¿seguís linda cuando despertáis?… Sabéis perfecto me encanta observaos cuando dormís. Puedo quedarme la noche entera observándoos con el reflejo de la noche que sobre vuestra silueta se ciñe, tiñendo vuestra piel clara de cobre y ocre en esos recovecos que los pliegues de vuestra voluptuosidad forman… También os amo Sveta –Y es que inevitable es realizar comparaciones, aun cuando odiosas, nocivas o prosaicas sean. Dejar de recordar nuestro pasado es tan cínico como intentar olvidar nuestro futuro y yo dispuesta a ello ya no estoy. Con Andrea perdí la oportunidad, prorrogando plazos con pretextos que sé ahora estúpidos fueron, cayendo en “esa idiosincrasia” de la cual tantas veces he blasfemado sin darme cuenta que las blasfemias a mí misma pecadora hacían. Perdí la oportunidad de tomar y disfrutar de esos momentos que inesperadamente se nos presentan. Dejé que los instantes de nosotras huyeran por el temor de tomadles y enfrentadles, asiéndoles entre el seno de nuestros pechos. Corregir o cambiar el pasado no puedo, por mucho que así lo desee. Y aun cuando convencida estoy que si nacer nuevamente pudiere muchas cosas en mi vida cambiaría, imposible hacedlo me es- Sí, el fin libre le tengo ¿por qué le preguntáis?… Sí, claro chica, sé que ahí los matrimonios gay legales son, ambas fuimos a la boda de Elena… Sveta, ¿qué intentáis insinuadme? ¿Me estáis proponiendo matrimonio?… –Y es que los instantes inesperados en el momento erróneo, oportunos los convierten. Vivir en pareja no hace ni mayor o menor diferencia de aquellos que en matrimonio conviven, sin embargo, la ilusión de matrimonio he de reconocer ha cambiado mis perspectivas. Llamadle estupidez si deseáis, o seleccionad cualesquier adjetivo calificativo que se os ocurra, ello no cambiará la grata ilusión que en mí ha despertado y que desde ya dispuesta a disfrutar estoy. Hoy, muy de mañana, he transitado la corta distancia que separa ambas ciudades para llegar a casa de Elena a quien ayer de noche he telefoneado, pasado ambas el día entre llamadas telefónicas, correos electrónicos y trámites para reunir los requisitos necesarios. Fortuna ha sido la mía el con un pasaporte extranjero contar, pues de no habedlo tenido imposible nos hubiere sido haber fijado para el sábado la ceremonia. Me es extraño saber que como extranjeras las exigencias mínimas son, resumiéndose a un par en comparación a aquellas otras que como connacional debieren reunir. Svetlana ha tomado ya un ticket en el vuelo nocturno de mañana, prometiéndome que para el sábado lucirá el mejor Tuxedo que sea capaz de encontrar y adquirir, y yo, por mi parte, he fijado un itinerario junto con Elena para recorrer las boutiques de novias y hacer la reservación en un lindo y discreto hotelito “lunamielero” que Aaminah nos ha recomendado. Ellas, Elena y Aaminah, serán nuestras testigos, y aun cuando en una boda solamente de dos sea necesario y el lunes ambas, Sveta y yo debamos a nuestros deberes regresar, encantadas estaremos que sean ellas quienes con nosotras compartan ese instante que no dejaré nunca más escapar.

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2 pensamientos en “Y es que no es un día cualquiera

  1. La Primavera pasada estuve en Ibiza para la boda -por el rito Celta- de algo más que dos buenos amigos venidos ambos dos desde Suiza. Nunca antes había estado en una ceremonia así y menos aun Gay…

    Tal vez pasé uno de los días -Y fueron cuatro- mejores de los de mi dilatada vida. Así que te deseo, que como mínimo, sea algo semejante.

    Pensaré en ello. Brindaré por ello. Brindaré por vosotras.

    Muchos Besos y esta vez por supuesto, también que sean compartidos…

    Feliz Día…!

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