Fernando y Rebeca (Ángel de Insurgentes)

Fernando realmente es un chico lindo, y no es que su atractivo físico sobresalga del promedio, pues en éste aspecto es “tan normal” como cualquier otro que pudiese encontrarse en cualesquier ámbito laboral: bien vestido y de modales paradójicamente moldeados a la antigua y un tanto cuanto refinados, los cuales contrastan seriamente con su apertura mental, que debiere realmente mencionar como “apertura social”, pues la mente abierta no siempre acepta las ideologías y conceptos que, extraños o conocidos, ajenos le sean. Fernando no es de ésa categoría, con el cigarrillo en mano suele escuchar y meditar sobre lo que se charla, prestando atención real a cada una de las palabras y su significado, sin asentar continuamente en esporádicos “sí” o vagos “entiendo” que sólo denotan el desinterés por la interlocución. El suele meditar sobre lo que se charla para responder con sorprendente elocuencia sobre el tema en que la conversación versa, poseyendo gran capacidad para conducirla, lenta y amenamente, a los caminos que domina. Le sé bien, pues hasta el día de hoy no he sabido ciertamente el cómo iniciamos con un cotidiano “hola” para terminar horas después con un odioso “hasta pronto” que no deseare pronunciar, queriendo alargar los minutos en su fuerte voz varonil que por su boca se desprende. Jovial y ameno me hace reír, como en aquella ocasión en que le acompañé al “antro” de moda; -¡Puf! mi primer cita formal con un chico después de mucho, pero realmente mucho tiempo- pensé tirada sobre el sofá del living mientras la hora se acercaba -¿he de vestidme formal con pantalón sastre y blusa de seda? Un poco atrevida quizás, sería más apropiado para la ocasión; una falda corta con zapatillas de tacón y una blusa ajustada que dieran volumen a mis senos…, demasiado atrevido podría ser el vestir así, aunque la sensualidad nunca mal vista es. Cierto, pero ésta no debe convertirse en la tosquedad común que a la vulgaridad le torne. Una combinación sutil entre lo formal y lo atrevido sería lo apropiado: una falda recta y ajustada, medias y zapatillas que combinaren con una blusa holgada de escote moderado sería lo adecuado para esa primera cita, compromiso que sin duda entusiasmada me había tenido durante el transcurso del día. Negadlo no podría, Fernando me gustaba y me agradaba pasar las tardes con él. Después de abandonar la oficina solía conducidme en su auto hasta el departamento que había alquilado al regresar nuevamente a la ciudad. Con anterioridad había vendido nuestras pertenencias al huir hacia Kiev, incluyendo el automóvil y la casa que adquiriéremos, pues no había imaginado que un regreso fuere posible. Cuan errada hube estado, la confusión de aquellos días el pensar con claridad no me permitían, al igual que hoy en día, por motivos muy diferentes a los de antaño, el pensar con claridad me es costoso, pues confundida nuevamente me encuentro.

Aquella cita transcurrió sin más, bailamos y nos divertimos por el trascurso de las horas y desconozco si, por mi inexperiencia con las citas varoniles, el no pidiere “la taza de café” al llevadme a mi departamento, despidiéndonos en el quicio de la entrada del edificio con el singular “hasta luego”.

Varios días anteriores a la Noche Buena, la cual en mi Fe el celebrar no está, más como “al País que fuereis haced lo que viereis”, divagué por los escaparates de las tiendas en búsqueda de algún presente que esa noche pudiere darle. El me había invitado a pasar la festividad en compañía de su familia, a lo que gustosa accedí, pues no deseaba fuere mi primer celebración que sola pasare, aunque realmente debo reconocer que ello más un pretexto estúpido era, pues aun cuando sola le hubiere pasado sé mella en mí no hubiere causado.

Le compré una corbata, presente tontamente aburrido e inexpresivo que hoy que en ello medito, a la mente se me vienen millares de detalles mejores, como un juego para su Xbox que suele utilizar por horas interminables, o quizás un “Zipo clásico”, que mucho le serviría con su incansable hábito de fumar, o una “taza para su café”, ya que creo no sería yo bien recibida en su hogar ataviada exclusivamente con un gran moño rojo entre mis senos y una tarjetilla perforada a mi ombligo tipo pircing en la que se leyere: “De Ericka, para Fernando”; que venga, desnuda del todo no asistiría, pues la envoltura se acompañaría de una sutil gargantilla que circundare mi cuello, un liguero que a mi caderas enmarcaren, medias que a mis piernas los destellos dieren y zapatillas que a mis pantorrillas, muslos y glúteos su silueta resaltaren.

La corbata fue el presente de aquella Noche Buena, y mi envoltura se circunscribió a un pantalón sastre, una blusa de seda, una chaqueta corta y los accesorios necesarios de pendientes, anillo y reloj, aunque las zapatillas sí formaron parte del envoltorio, el cual, no fue abierto ni al momento de entregar los presentes ni al momento en que me llevare de regreso al departamento, pues no había dejado encendida la cafetera ni se encontraban preparadas las tazas correspondientes. Aquella noche habían desaparecido los ímpetus de convertidme en el “Ángel de Insurgentes”, pues mi nombre no respondía al de “Violetta”, ni Fernando se convertiría en un “Diablo Guardián”, permaneciendo sólo como  “Guardián” y dejándome con las ganas de que un “Diablo” esa noche apareciere, aun cuando sacrílego el tan sólo pensadle en esa fecha le fuere. Ains querida “M”, las oportunidades se pierden por la indecisión de ambas partes, convirtiéndonos en ángeles de avenidas desiertas, pues bastare solamente un grano de café para en el cuerpo paladar la agria dulzura de unos labios que la piel os encrespe.

II

Rebeca es extrovertida, charladora de situaciones inverosímiles que disfrutáis inmensurablemente con su detallada narrativa; es del tipo de personalidad que he aprendido a catalogar como “de sangre ligera”, calificativo que por aquí muy utilizado es y el cual me costare el comprender, más en esa Noche Buena en que le conocí, pienso no existiere mejor calificativo para describidle, pues con ella imposible es el no congeniar. De exasperado arrojo sigue sus impulsos, sin importar si éstos el conllevar serias consecuencias pudieren, lo que hace de sí misma una mujer desafiante que osa ser retada. Gozando de su impetuosidad puede mostrarse tan irreverente como cualquier melodía de rock metálico, sin tocar jamás esa delicada línea de la irrespetuosidad que fácilmente pudiere ser traspasada, lo que le convierte en poseedora de una personalidad de la cual fácilmente podéis ser cautivo. Es curioso el cómo en una misma familia puedan modelarse temperamentos tan distantes: Fernando recatado y cauto, Rebeca extrovertida y arrogantemente seductora. Fue el desafió que posee el que llamare mi atención, simpatizando ambas aquella noche charlando sin miramientos por el resto de la velada.

En los días subsecuentes hube de alternar la compañía de Fernando y Rebeca, pues mientras que con él disfrutare de sus charlas y compañía mientras al apartamento me trasladare después de la oficina, era con Rebeca con la que me escabullere en los rincones de la ciudad, buscando cada tarde nuevas expectativas y acciones inverosímiles e impulsivas, haciendo con ello que las experiencias con ella compartidas nunca fueren similares a las que con anterioridad con ella misma participare, cómo le fue esa ocasión en que me invitare a acompañadle al mismo “antro” que con Fernando, semanas anteriores, había asistido, aceptando gustosa el hacedle, sin considerar el hecho mismo como una cita y más como un simple “momento de buenas amigas” en las cuales nos habíamos convertido.

Dilema dual y opuesto esa tarde se me presentaba y opuesto al día en que con Fernando a ese mismo acudiere: ¿qué debiere vestir para esa noche? Sin consideradle una cita real, que muy en mi subconsciente, y he de aceptar realmente que también en mí consiente, mucho deseaba el así considerar: como una cita con una chica que me atraía y que esperaba que yo, en reciprocidad igualmente le atrajere.

Seleccioné una falda corta ajustada combinada con una blusa de seda, liguero corto de encaje y medias trasparentes sin mucho destello, tan sólo lo suficiente para que mis piernas se viesen un poco maquilladas; las zapatillas de tacón suelen ser parte de mi atuendo de oficina, por el que calzadles esa noche no representaría sufrimiento alguno al bailar, combinando mi atuendo con los accesorios comunes: un discreto bolso de mano, unos pendientes largos, pulsera, anillo y reloj que poco observé esa noche para tener conciencia del tiempo que atónito y rápidamente transcurrió, divirtiéndome con quienes a nuestra mesilla se acercaren para invitarnos a bailar, pero disfrutando aún más las ocasiones en que, al escuchar alguna melodía que tanto a ella o a mi gustaren, nos dirigiéremos a la pista para formar una pareja única que disfrutare de su mutuo baile y compañía. Esa madrugada, cuando Rebeca a mi apartamento me condujere no me pidió “una taza de café”, simple y llanamente estacionó el vehículo en el aparcamiento del edificio, y mientras la charla interminable continuaba, juntas subimos por el asesor hasta el correspondiente de mi piso.

Hoy, después de varias noches y algunas tazas de café que sobre la mesilla hemos dejado se enfríen, Rebeca en mi cama se ha despertado para preguntadme aquello que deseaba yo respondedle y que a Fernando de forma alguna prontamente he de explicadle: “¿somos novias, pareja o simples amantes?”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: